Año I – Edición Número 6 – Metafórica Revista

14 de noviembre de 2022, La Plata, Buenos Aires, Argentina

El exilio de las cosas

La fotografía de portada pertenece al proceso de investigación  y experimentación artística  La Escocesa, (Barcelona, 2020), Equipo de arte Río Paraná.

COMO SE DESPIDEN LAS COSAS

Por Gabriela D’Onofrio

Hoy nos brinda su perspectiva sobre el exilio, para nuestro espacio de Opinión, Mag De Santo.

Mag  es  artista  transdisciplinar.  Trabaja entre la escritura, la curaduría y las artes escénicas.  

Licenciadx en Filosofía, su trayectoria teatral y existencia política viene de los suburbios  del feminismo disidente de Buenos Aires. Se graduó en el Programa de  Estudios Independientes del MACBA en 2018, en Barcelona.  

Ha publicado una compilación de piezas teatrales; “Teoría de  las aguas” (Rara Avis, 2019), “La fragilidad del cuerpo amado”,  “Escritos  trans y queer, en torno a la politización del dolor”, “Con tinta me tienes”  (Madrid, 2019), “Eduardo, la pelopincho” (Libros del Rojas, 2012), entre  otros. Colabora en el Suplemento Soy de Página/12, Pikara Magazine y ES racismo.  Ha ganado el “Premio a la Nueva Dramaturgia German Rozenmacher”, en el  Festival Internacional de Teatro de Buenos Aires en 2011. Ha dictado talleres, seminarios y conferencias: “Lugar a Dudas” en Cali, Colombia y Zonamaco de Ciudad de México, Centre LGBTIQ de Barcelona, Euskalerría en Bilboezena y Buenos Aires. 

 En los últimos años se ha dedicado a trabajar con su equipo artístico “Río  Paraná” en torno a la imaginación política, la ficción social, la disidencia sexual y  el anticolonialismo. 

Actualmente, expone  “La pisada del Ñandú” en La Virreina, Centre de la Imatge, un ensayo visual sobre la colonialidad en la imposición del binarismo de género.

Una semana atrás, una amiga me propuso adoptar a su gato. Hay una historia en la que ante la pregunta ¿qué es un hogar?, la protagonista responde “mi gato”. Acepté sin dudarlo. Mi amiga  vuelve a irse. Yo vuelvo a estar en la ciudad que dejó de ser mía hace muchos años. Y en el medio los animales de compañía, entre artistas peregrinos. Me traje a Otto. Inmediatamente, luego de tirar macetas, se escapó, subió al techo y desapareció. Mi amiga al enterarse se mostró inquebrantable pero alivianó los reproches interiores que pudieran acecharnos.

Luche y vuelve, decían, para traerlo del exilio a Juan Domingo. “Come Otto” y Otto come, grabó en un audio mi amiga de voz grave. Pero no le consultamos a Otto si acaso, pese al ronroneo y las buenas vibras que tuvimos,  quería mudarse a vivir conmigo. Y no quiere.

Primero hay que saber partir, dice el tango. Huir, porque quedarse donde se impone es peor. También el saber popular indica que vayas donde vayas, los fantasmas viajan contigo. Creo que Sartre habla escrito de la libertad en términos de huida. Sospecho de su ética. En los cinco años que residí en el territorio del colono, me pregunté mucho, muchísimo, por la razón -última y cabal- que diera respuesta a mi migración. Esos argumentos no daban en la tecla. Escribí decenas de diarios íntimos, hice proyectos, un librito -que fracasó- Una y otra vez me cuestionaba esa extranjeridad ¿elegida? ¿necesaria? ¿por qué había tomado esta decisión? La melancolía y la fantasía rondaban los días, también el absurdo y la nostalgia del que se va y escucha la radio de su país. Además del macrismo, el guión de la clase media argentina, el turismo académico, la ilusión de confort, el propio colonialismo, la literatura de flaneurs, las nuevas oportunidades y el hartazgo local, ganar euros, ¿qué me mantenía lejos? Un día, entre tragos y gritos, le di la respuesta a una reconocida activista boliviana, ¡es que necesito perspectiva!

El exilio no necesariamente coincide con el tiempo del Estado y sus terrorismos. Hay exilios que son consecuencia, a posteriori. Eso le ocurrió a mi amiga, después de la desaparición de su pareja, recién a mediados de los ´80 logró partir. Y sostuvo la decisión más de cuarenta años. ¿lejos exactamente, de qué? Volvió justo cuando pudo romper el silencio de su pecho. Habló en el juicio a sus captores, habló con su obra, habló con sus compañeros “gerontomontos” -como ella misma les llama- y habló muchísimo, por las noches, con Otto. 

El mundo es grande. Múltiple. Cuando se hace pequeño, hay extinción.

Hace poco conocí a un antropólogo perspectivista. Puedo irme a vivir con los jaguares que cuando vuelva al pueblo, dice Viveiro de Castro (que lo aprendió de los pueblos amazónicos) quizá ya no vuelva como humano, sino como un jaguar más. 

¿Otto me reconoció como un no-humano? ¿Seré un gato grande en el techo de chapa húmeda de la noche platense buscando su manada? 

Un gato ha desaparecido.

El que viaja -en sueños, con la conciencia, con plantas y tabaco o geográficamente- puede experimentar que un existente es múltiple. Puedo ser un jaguar. Las cosas no son una y la misma como dice Aristóteles. Son tantas como la relación “perspectival” que mantengas con esa cosa. No hay un universo, sino multiversos. La perspectiva nos ofrece una relación distinta con el mundo. Dependiendo de la perspectiva, algo que siempre estuvo allí, un estrato de las cosas que ignorabas anteriormente, se aparece. 

Con ese conocimiento cambié de locación. Las cosas en una constelación de relaciones nuevas, dentro de una red con otras personas, instituciones, lengua y cielo, son profunda y radicalmente otras.

Recién cuando mi amiga se apersonó en el patio de casa y le habló en soledad, lejos mío, Otto se dejó ver y le desfiló su pelaje naranja.

-Perdón, Otto.

Dialogaron entre alemán y miau, un zarpazo en la nariz como marca de la resistencia concluyó en el abrazo.

Luche y vuelve, le dije en el remanso del encuentro.

Y en el alivio, mi amiga dejó que sus ojos se humedecieran.

Recién en la calle, unas chicas que hacía montón que no veía, me preguntaron esta vez ¿qué hago en La Plata? ¿por qué? Y esta vez, mientras balbuceaba una posible respuesta que ignoro, me quedé observando el baile de las hojas, los techos y el dibujo del cableado entre las antenas.

Gracias Mag por transitar y sembrar el territorio de Metafórica Revista.

Mag De Santo

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