Año I – Edición Número 6 – Metafórica Revista

14 de noviembre de 2022, La Plata, Buenos Aires, Argentina

En nuestra sombra también somos cóndores.

Por Patricia Cuscuela e Indira Sánchez Guanzetti

…los hombres en general, no anhelan esa idea de infinito, sólo viven en lo finito y en la muerte…

A. Artaud (Artaud y su doble; Revista El Golem)

Cóndor es un libro de poemas escrito por María Casiraghi que surge luego del avistaje de cóndores, vivencia de la autora en el Cañón del Colca, Arequipa, Perú (1).

La lectura comienza con una actitud contemplativa que nos va transformando a través de la cadencia del ascenso en observadores con ojos nuevos. El cóndor frente a lo humano, lo humano observado desde lo animal. 

planea / y llueven / fragmentos de otros tiempos / suspensos que enseñan a caer / sin precipicios… (pág. 32) Estos versos nos acercan a la cúspide pocas veces visible del vuelo de la majestuosa ave. Nos recuerdan nuestra carencia de alas, nos remiten al desasosiego de Ícaro. La incapacidad humana de aceptar los límites propios de la naturaleza. 

El primer poema da cuenta de la experiencia autobiográfica de la poeta. Mientras las imágenes se suceden, notamos cómo el tiempo comienza a atravesar el texto, los cóndores se mueven en una dimensión temporal distinta. En esta disímil extensión de intervalo se desarrolla algo parecido a una ceremonia que  establece un duelo de memorias donde el humano no puede dejar de reconocerse humano. El yo poético se empequeñece ante la imposibilidad de elevarse, de volar, no se atreve a la libertad del ave.

El poemario consta de tres partes y cuatro epílogos; en la primera parte ocurre la transmutación: el hombre deja de ser hombre / el cóndor deja de ser tiempo / el tiempo deja de ser muerte (pág.35). Se produce una especie de suspensión por la inercia de la acrobacia y la observación fascinada. Hábitat, cambios de colores que llevan años, maternidad, vuelos, guerra, temor a la muerte. En el poema XX se ensaya la similitud en la apariencia física de las aves de distinto sexo y en las actitudes adoptadas por ellas ante las contingencias de la vida. Frente a la procreación, por ejemplo, se describe una cualidad semejante al ser humano y en un momento la poeta nos asombra cuando llama hombre al cóndor macho, es su manera de prepararnos para  lo que se aproxima.

El poema XXII nos devela parcialmente el secreto: la mímesis se produce, la voz poética dialoga con un interlocutor cercano, conocido -¿quizás desde la altura, el desdoblamiento de su yo?- y nos muestra la belleza desde la profundidad de los abismos que separan y a la vez unen los mundos. Chantal Maillard dice: Liberarse es indiferenciar, neutralizar las diferencias. Sin interés, des-interesado, la calma adviene entonces y con ella, paradójicamente, el gozo de vivir: una intensidad sin tiempo, una apertura al instante de la que resulta una sensación de absoluta libertad (“La compasión difícil”, Galaxia Gutemberg,Barcelona 2019).

Así el sujeto lírico poetiza una experiencia, descubre y revela una emoción nueva, libera su cóndor propio, deviene cóndor, no es imitación sino llegar a ser.

El aire, el espacio del libro se resquebrajan dando lugar a una voz que nos habla del exterminio en América Latina, producto del plan que usurpó el nombre del ave para esconder en su belleza el horror de los verdugos. 

En la tercera parte, la autora anuncia en cuatro versos el terrible ideario de la Operación Cóndor (2), N.N. se los llamó. / Noche y Niebla / vencieron la luz / de los que iban a desaparecer (pág. 82) dejando como en suspensión, en la suspensión del ave en vuelo, la marca indeleble del genocidio en la sensibilidad de la población sudamericana.

Los verdugos conocían que el cóndor no mata, no obstante se apoderaron de la realidad para conducir el cauce de aquellos días nefastos que la poeta denuncia  en su libro.

Parte I

X

Cuando un cóndor

encuentra una grieta

no ve la sangre de la roca

no teme los resquicios

líquidos

de la montaña.

La intemperie es fría

las heridas

calientes.

Sabe

que no puede refugiarse

si no es

donde se ha roto la naturaleza

si no es en ese hueco

que se abre en los paisajes más perfectos

cuando el sismo

de la vida se violenta

tras años de estar quieta.

Sólo allí

donde la piedra se vulnera

el cóndor alimenta sus crías

con la leche de un mar difunto

con la rabia de la roca sedentaria.

La arcilla sufre

cuando es plana

sin cóndor

que la fecunde

y sin viento que la rompa.

Parte II

VII

Lo primero que se llevan

es el corazón

abren al muerto

y le quitan lo que siente

para que olvide

para olvidar también.

Después

lentamente

durante horas

comen

sólo las entrañas

dejando el resto

para el hambre de otro animal.

Carroña y carroñero

una misma sustancia

nutriendo con ausencia

sus corazones mordidos.

En las próximas vidas

en futuros paraísos

se extinguirán los cuerpos, 

y la única materia

la única carne

                        será el viento.

Parte III

VI

Si lo miras bien
el cóndor también es subversivo
desobedece la ley de gravedad
invierte los estados del alma
y nunca desaparece.

Siempre está volviendo

sus alas traen espejos
del más allá.

No sabían
los verdugos
que el cóndor no tiene cuerpo
los siglos en el aire
lo han vuelto una visión,
un espectro.

(el que limpia puede curarte)

Por eso tanta saña y tanto miedo.

Los aparecidos
ya saben volar como los cóndores

el infinito
también tiene sus métodos.

De la contemplación a la denuncia. Un avistaje realizado a más de 4.000 metros de altura da lugar a un espacio poético. Ocurre el encuentro de la voz poética con su animalidad, cóndor que cobra vida a través de las letras. Frente a la figura del cóndor y la enorme y oscura sombra proyectada por sus alas en vuelo, emergen la vida y la muerte, la libertad y la prohibición, por qué no, la extinción.

Desaparición – recuperación – descubrimiento, en un montaje circular de pensamientos e imágenes, “allí donde las palabras no son referencia sino presencia, contacto mágico con el otro lado del lenguaje”, al decir de Ivonne Bordelois.(“La palabra amenazada”, Libros del zorzal, Argentina 2003)

La cosmovisión andina considera que  los cóndores tienen un carácter de mensajeros de los dioses, por su capacidad de volar más allá de la visión humana(3). Esto nos convoca a pensar qué tan cerca de esa creencia estamos o deseamos estar, nos lleva a descubrir nuestra propia animalidad.

  1. El cañón, ubicado dentro del Valle del Río Colca, con sus 4160 metros es considerado como el cuarto más profundo del mundo. 
  2. En varios países sudamericanos (Argentina, Bolivia, Brasil, Chile, Paraguay, Perú, Uruguay), durante las décadas del ´70 y ´80, se llevó adelante una campaña de represión política y terrorismo de Estado con la idea de instalar ideas y accionares neoliberales, respaldada y financiada por Estados Unidos. Ese plan se llamó Plan Cóndor. Su coordinación involucró, oficial y políticamente, el seguimiento, la detención, interrogatorios con violaciones y torturas, desaparición y asesinato de personas consideradas por dichos regímenes como subversivas al orden instaurado.
  3. Lic. Luis Jacome Director del Programa Conservación Cóndor Andino. (https://youtu.be/3BQMdSDisM0)

María Casiraghi nació en Buenos Aires en 1977. Es poeta, narradora y periodista. Escribió los siguientes libros de poemas: Escamas del silencio (2004), Turbanidad (2008), Décima luna (2011), Loba de mar (2013), Albanegra (2015) y Cóndor (2018), todos publicados con Alción Editora; con Ediciones En Danza publicó los poemarios Música griega (2019) y El tao de las palabras (2021) y en Editorial Summa de  Lima, Perú, una antología poética titulada Vaca de Matadero (2017).

En narrativa es autora del volumen de cuentos Nomadía (Monte Ávila, Venezuela, 2010) y  de la novela Otro dios ha muerto (Alción, 2016). Integró la antología Erótica del relato (Adriana Hidalgo, 2009). 

Como periodista publicó los libros Retratos, Patagonia Sur y Patagonia Sur –Santa Cruz- Argentina (Grupo Abierto de Comunicaciones, 2000).

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