Año I – Edición Número 6 – Metafórica Revista

14 de noviembre de 2022, La Plata, Buenos Aires, Argentina

zoología poética

Por: Irene Behrens

  1. ser animal

“Ser orgánico que vive, siente y se mueve por propio impulso”, dice la RAE.

Pero también dice que se usa como adjetivo humano, totalmente contradictorio. Por un lado, define lo irracional, instintivo, ignorante y grosero. Por otro, a quien destaca por su saber, inteligencia y esfuerzo. “Es un animal estudiando”, ejemplifica. 

¿Qué es ser un animal?

Para la biología, la animalidad se define principalmente por la heterotrofia, la necesidad de alimentarse de algo, a diferencia de lo que pasa con las plantas, que producen su propio alimento. 

Lo que nos diferencia de otros reinos que también son (o pueden ser) heterótrofos, es la multicelularidad y la ingesta. Mientras los hongos liberan enzimas al medio y luego absorben el producto degradado, los animales digerimos en una cavidad interna. Sin embargo, esto no siempre significó tener boca. En la base de nuestra evolución, el filtrado de nutrientes del agua fue la solución primera. Ahora, casi todos los animales somos un tubo por el que entran alimentos y salen excrementos.

Todo lo demás, desde la boca hasta el aullido, es resultado del hambre. O, digamos mejor, de la necesidad de alimentarse de una otredad. Esa necesidad propició el movimiento. Moverse para buscar (luego para evadir). Músculo y nervio son consecuencia de la forma de alimentación. Aparecen estructuras cada vez más complejas que permiten sensar el ambiente, ver, oír, oler, captar vibraciones. La locomoción multiplica la eficiencia en la captura de alimento y a su vez, demanda. Reclama energía. La máquina.

Hasta entonces, las gametas se liberaban al agua. Las señales químicas eran fundamentales para coordinar su liberación en tiempo y espacio. La locomoción permite el encuentro de cuerpos, y el encuentro de cuerpos viene con una novedad: la posibilidad de la fecundación interna. Y mucho más tarde, la socialización.

La evolución es un jardín de senderos que se bifurcan y multiplican. Cada camino es posible porque antes hubo otros caminos que terminaron allí. Otros, son imposibilidades, callejones sin entrada. Otros terminan abruptamente al llegar a un barranco. Otros que parecían acabados, de pronto encuentran un pequeño vado y, contra todas las probabilidades, se vuelven reales.

  1. momento nahual

sutiles son los sonidos en el bosque de los lobos. hasta el ruido de una hoja se siente al caer. hasta la brisa zigzagueando entre los pastos

la foresta umbría se estremece por momentos ante la voz solitaria de una bestia. vuelve la quietud aparente. un animal va. los helechos se agolpan en el suelo. en las axilas de las ramas una orquídea azul florece cada tanto estrena su hermosura y muere sin ser vista por ojos humanos

hasta la luz se moja en ese ambiente cerrado fresco tan fresco que el aliento parece humo 

contoneándose en el aire. el animal va

verdes en todos sus matices salpicado de líquenes y hongos. las hierbas se congregan en el suelo blando en los parches más iluminados en rústicos canteros improvisados entre las raíces

antiguos árboles se alzan columnas altas sostienen la bóveda refractaria a los rayos del sol

el animal va

el animal va

las rocas se elevan se ocultan bajo musgos y mohos forman cavernas guaridas escupen manantiales se desgranan ante el abrazo de los árboles el olor es verde

tan verde tan áspero tan incorruptible

nada lo desgarra

sólo un depredador con buen olfato puede sentir algo más que savia. el animal va con paso raudo constante rasgando levemente el silencio aleteos corazones palpitantes huyen a su paso una tras otra sus patas una tras otra

una tras otra lastiman apenas la tierra

lleva sus colmillos preparados y un péndulo de baba en la comisura de la boca

le urge el estómago los orificios de la nariz están alertas el olor el olor 

el olor lo conduce es un sendero

el animal va

lastimando la tierra con sus pasos anda. con el olfato de un depredador. la presa está cerca asustada busca un refugio está demasiado cerca y asustada mucho han recorrido ambos 

ya están cerca los lindes del bosque las hierbas bajas aún ralean los ojos de la fiera se regocijan el animal anda y no hay refugio aún no ve a la presa sabe que está casi encima la tiene acorralada lo sabe como sabe un animal

ya no anda

espera

sólo falta la embestida mortal

el labio superior se alza en un rictus de ferocidad 

el colmillo destella

las garras quietas se clavan en la tierra 

el animal no anda

no anda

peina el paisaje escrutándolo. el predador busca la presa observa desde su escondite y sabe intenta recobrar el aliento tiene los músculos prestos para huir

sabe

que el animal no anda. espera

el hilo de baba se estira se desprende cae sobre una hoja las briznas se estremecen 

un hedor inverosímil irrumpe

los ollares de la bestia tiemblan con desconcierto los ojos relampaguean con furia nuevo olor dulzón putrefacto invade la escena corta la cuerda que ataba predador 

presa

hambre

vida

la bestia se distrae la presa ha encontrado el instante huye

estupor de ramas rotas batir de alas gigantes membranosas cae algo torpe pesado que insulta la monotonía el humilde curso de las cosas 

la presa es dueña del instante

como si un pedazo de cielo hubiera caído al mundo algo brilla sobre el azul la fiera conoce la sorpresa y el miedo

sus ojos se cruzan con los del dragón despiadados y ardientes un rugido infernal sacude las entrañas de la tierra hay un vómito de fuego nada más 

nada más puede ver el animal

ya no acecha

es engullido

  1. predador incauto

Dragoneras se llaman ciertas presillas que atan a la mano un complemento necesario para ciertos deportes que no son de salón. Senderismo, montañismo, arquería. 

¿Son dragones las manos humanas? Así como la fotografía comparte jerga con la maquinaria bélica, también lo hacen muchos deportes. Parece que el término viene de cierto regimiento llamado “dragones”, que alternaba el uso de distintas armas y para agilizar el cambio, las llevaba atadas a la muñeca.

En los pastizales de tussock de Malvinas, muy lejos de los bosques tupidos, un predador descansaba en la punta de la pirámide alimentaria. Guará, se llamaba. Una especie de zorro, que hoy sólo podemos ver en figuras y museos. Lo llamaron guará los americanos, por su parecido con el aguará guazú. Lo llamaron zorro, perro o lobo los invasores. Todos lo mataron. Y digo todos, porque hasta donde sé, los relatos son masculinos. 

Les llamaba la atención su falta de miedo, la forma en que se les acercaba, su inteligencia y su sigilo. Y es que ese animal nunca había precisado el miedo para sobrevivir. Era el único mamífero nativo, el mayor predador. Ladraba y comía de la mano. Es muy probable que hubiera podido ser domesticado. 

Su primer registro es de 1764. El último, de 1898. El invasor francés Bouganville fue el iniciador de su explotación. Menos de 150 años tardaron los hombres blancos en extinguirlo. Primero, lo mataron para vender su piel en Nueva York, o porque sí, porque lo habían visto y estaba a buen tiro de escopeta. Lo capturaron para zoológicos y museos. Después lo exterminaron porque afectaba la ganadería. Incendiaron pastizales para acorralarlo, poniendo en riesgo también a otras especies. O hacían algo que sólo los humanos hacen: le daban de comer con una mano y lo apuñalaban con la otra.

A veces, las manos humanas son dragones.

  1. presa discreta

Esta es la historia de un callejón sin salida con una rajadura. El torillo andaluz cabe en una mano humana. Cobijar o traicionar. La pregunta es qué hará esa mano. 

Es un ave poco llamativa, de tierra, simple, con un modo de vida comparable al de un ratón. Casi no vuela y su canto parece una quena apagada, apenas puede distinguirse si se presta mucha atención. Su área de distribución se encontraba en Europa y África, en las zonas costeras del Mediterráneo. Se creyó que estaba extinto, pero hace poco en Marruecos encontraron una pequeña población relictual. “Pasó de la cromolitografía del siglo XIX a la fotografía digital, sin ningún registro visual intermedio”, dice un documental.

Las cámaras trampa no sirven para capturar, sino para documentar y conocer. Son una herramienta de preservación de especies en peligro. De lo demasiado poco que se sabía por los registros de mil ochocientos y pico, ahora aprendemos espiando. Observamos sus comportamientos. El torillo es la torilla. Es la hembra la que emite el canto de llamado para el apareamiento y el macho el que se queda en el nido, empollando y criando. Es la hembra la que defiende el territorio y se aparea con varios machos a la vez. La población se multiplica rápido durante la época de reproducción y va mermando conforme transcurren las inclemencias y los depredadores.

Gracias al torillo andaluz se descubrió que las aves “inventaron” los lentes de sol. Sabemos lo que come y cuáles son sus amenazas. A diferencia de otras especies en riesgo, sobreviven en ambientes relativamente disturbados. Se los encuentra en zonas de cultivo. Pero el cambio de tecnologías a formas más intensivas y agresivas de explotación de la tierra, amenaza el delicadísimo hilo. La torilla resistió, pero no está a salvo.

Su extinción o supervivencia, está en nuestras manos.

  1. senderos que se bifurcan: ¿hacia dónde señalamos?

Algunos teóricos de la biología han propuesto crear un nuevo reino en el que los humanos seríamos la única especie. Tenemos características únicas, dicen. Somos diferentes. Pensamos, soñamos, hablamos, reímos, tenemos autoconciencia, llevamos la tecnología a un nuevo nivel. Pero hay otros animales que usan herramientas o cultivan o se comunican o sueñan. Y por supuesto, sienten.

¿Qué vamos a hacer nosotres con nuestra animalidad?

Material complementario recomendado: 

Guará: https://www.academia.edu/12876134/Caviglia_2015_Malvinas_Soberania_Memoria_Justicia_vol_II_Balleneros_loberos_misioneros_s_XVIII_XIXTorillo andaluz: https://www.youtube.com/watch?v=ueUtEeGoJy8

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *